África, es el tercer continente más grande de la Tierra,
con islas adyacentes, que ocupa una superficie de unos 30.243.910 km²,
alrededor del 20% del total de la masa terrestre. Bañado por las aguas del
océano Atlántico al oeste y del Índico al este, está separado de Europa y Asia
por el estrecho de Gibraltar y el mar Mediterráneo, al norte, y por el canal de
Suez y el mar Rojo, al noreste. La población del continente en 2008 es de
955.006.740 habitantes. A finales del siglo XIX se produjo el reparto de
África, hecho determinante en la evolución económica y social del continente a
lo largo de la pasada centuria.
Poseedora de una rica y variada literatura que se ha ido desarrollando
desde las primeras sociedades africanas y continúa floreciendo en nuestros
días.
La literatura africana escrita ha
estado siempre en deuda con la literatura oral, que adopta formas muy diversas.
Los proverbios y adivinanzas transmiten códigos de conducta y a menudo reflejan
la cultura del hablante (de su uso dependen el arte de la argumentación y la
conversación), mientras que los mitos y las leyendas ponen de manifiesto la
creencia en lo sobrenatural, además de explicar los orígenes y el desarrollo de
los estados, clanes y otras organizaciones sociales de importancia.
Generalmente se considera que las leyendas y los mitos tienen una base
real. En muchos casos ofrecen una crónica sumamente detallada de la historia de
un pueblo. Los cuentos populares, por su parte, se consideran fruto de la
ficción. Los personajes principales de los cuentos populares africanos más
famosos son la tortuga, la liebre y la araña. Estos cuentos se han difundido
por todo el continente y han pasado también al Caribe, Estados Unidos y parte
de Sudamérica como resultado del tráfico de esclavos africanos.
A lo largo del siglo XX, y gracias a la labor
de antropólogos e historiadores, se ha registrado buena parte de la literatura
oral de zonas de Sudáfrica y de las antiguas regiones de Ruanda, Buganda y
Congo.
Primera literatura escrita
La primera literatura escrita aparece en el norte de África.
Sin embargo, la vida y el pensamiento de esta región están más ligados a Europa
y Oriente Próximo que al resto del continente africano. Así, la primera
literatura norteafricana del Sahara, al igual que las obras del teólogo
cristiano San Agustín y del historiador islámico del siglo XIV Ibn Jaldún,
presentan grandes vínculos con las literaturas latina y árabe.
En gran parte de los primeros textos escritos
de África occidental se notan las influencias de la literatura islámica,
transmitida a través de los norteafricanos tanto en su forma como en su
contenido.
Las primeras obras escritas de
África occidental datan del siglo XVI y son fruto del trabajo de eruditos
islámicos sudaneses como Abd-al Rahman al-Sadi, autor de Tarij as-Sudan
(Historia de Sudán), y Mahmud Kati, autor de Tarij-al Fettach. Estas
obras pusieron fin a la tradición oral de los imperios sudánicos occidentales
de Ghana, Malí y Songay, de clara ascendencia árabe.
La primera poesía escrita de África occidental era de
carácter religioso y lo mejor de ella
pone en evidencia el conocimiento de la poesía árabe preislámica y la poesía
religiosa norteafricana. El poeta religioso más relevante de África occidental
fue Abdullah ibn Muhammed Fudi, que vivió a finales del siglo XVIII y comienzos
del XIX, emir de Gwandu y hermano del reformista musulmán Shedu Uthman.
La literatura escrita de África oriental posee también una
larga historia y muestra asimismo la influencia de los modelos árabes. Una
historia anónima de la ciudad estado de Kilwa Kisiwani, escrita alrededor de
1520 en árabe, es el primer ejemplo conocido de esta literatura. Más tarde
aparecieron versiones en swahili de la historia de diversas ciudades estado,
así como poemas con un mensaje de carácter religioso o moral. La primera obra conocida en swahili (véase
Lenguas africanas), que data de 1728, es el poema épico Utendi wa Tambuka
(Historia de Tambuka).
La poesía swahili se desarrolla en su mayor parte a
partir de la poesía árabe. Los escritores de poemas épicos en lengua swahili se
inspiraron en la tradición romántica que rodeaba al profeta Mahoma y a partir
de ésta elaboraron sus textos con entera libertad, adaptándolos a los gustos de
oyentes y lectores. Alrededor del siglo XIX la poesía swahili abandonó los
temas árabes y adoptó formas bantúes como las canciones rituales.
Los principales poemas escritos en swahili datan de los siglos
XIX y XX. El poema religioso más conocido, Utendi wa Inkishafi (El
despertar de las almas), escrito por Sayyid Abdallah ibn Nasir, ilustra la
vanidad de la vida terrena a través de un relato de la caída de la ciudad
estado de Pata. La tradición oral de Liyongo, aspirante al trono de Shagga en
el siglo XIII, se recoge en el poema épico Utendi wa Liyongo Fumo (Epopeya
de Liyongo Fumo), escrita en 1913 por Muhammad ibn Abubakar.
A pesar de que las regiones del Sudán de África
occidental y las regiones costeras de África oriental poseían una rica
literatura escrita antes de la llegada de los europeos, la literatura del resto
del África subsahariana siguió siendo oral hasta el establecimiento de las
misiones y las escuelas europeas.
En la contemporaneidad
Hacia comienzos del siglo XX los africanos empezaron a
publicar su literatura en diversas lenguas africanas y europeas. A mediados de
la década de 1970, el número de nuevos autores africanos se redujo
considerablemente, debido al creciente compromiso de los intelectuales con las
cuestiones políticas y académicas.
Sudáfrica
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Peter Abrahams
La mayor parte de las obras del escritor sudafricano Peter Abrahams se
ocupan de los conflictos generados por la política del apartheid. La
autobiografía No soy un hombre libre (1954), recrea su infancia en los barrios
bajos del municipio de Vrededorp.
Courtesy Everett Collection
En Sudáfrica surgieron diversos poetas y novelistas de
prestigio. Samuel E. K. Mqhayi es autor de una abundante obra en lengua josa,
revelando así la fuerza de esta lengua como vehículo para la literatura
escrita. Novelistas como Thomas Mofolo y Solomon T. Plaatje, conscientes de los
ultrajes cometidos contra los sudafricanos negros bajo la dictadura de los
blancos, retrataron a los negros como seres humanos complejos y dotados de un alto
sentido moral.
La tercera novela de Mofolo, Shaka, el zulú (1925), es una especie de biografía novelada de
Shaka, un señor de la guerra zulú del siglo XIX. Esta obra, escrita
originalmente en sotho, está considerada un clásico de esta lengua. La
novela histórica de Plaatje, Mhudi, que trata sobre el personaje de
Mzilikazi, lugarteniente de Shaka, se publicó en 1930. Su estilo, que incorpora
cantos de alabanza, se inscribe en la tradición oral de la literatura bantú.
Nadine Gordimer
La escritora sudafricana Nadine Gordimer recibió el Premio Nobel de
Literatura en 1991 por su irónico y profundo tratamiento de la injusticia
social. Ambientadas en su país, sus novelas y relatos reflejan la rabia y la
frustración que le producía la situación política y social de la Sudáfrica
dividida por cuestiones raciales, y su firme condena al sistema del apartheid.
A mediados del siglo XX numerosos escritores
sudafricanos abandonaron su país debido a la política gubernamental. Entre los
exiliados figuran Peter Abrahams y Ezekiel Mphahlele. La autobiografía No
soy un hombre libre está considerada como la mejor obra de Abrahams; en
ella relata la opresión racial que padeció durante su infancia en
Johannesburgo. Mphahlele es uno de los principales críticos de la literatura
africana negra. En su obra La imagen de África (1962), analiza la
literatura africana escrita por blancos y negros. El autor lamenta la obsesión
de esta literatura por las relaciones raciales y propone un tratamiento más
amplio y profundo de los personajes desde otros puntos de vista. Otros autores
importantes son A. C. Jordan, que escribe en lengua josa, y el poeta zulú R. R.
R. Dhlomo. Prosistas como Alex La Guma y Bloke Modisane, al igual que el
dramaturgo y crítico Lewis Nkosi, no obtuvieron reconocimiento hasta después de
1950. Dennis Brutus es un destacado poeta negro sudafricano.
Los blancos sudafricanos poseen también una larga tradición
literaria, tanto en afrikáans como en inglés. Entre los escritores en afrikáans
figuran poetas como D. J. Opperman y Breyton Breytenbach, considerado uno de
los mejores autores en esta lengua; y varios novelistas preocupados por las
consecuencias del apartheid político, como J. M. Coetzee, autor de Vida
y época de Michael K. (1983). Entre los escritores en inglés cabe citar a
Olive Schreiner, cuya novela Historia de una hacienda africana (1883) se
considera un clásico por su estudio pionero de las relaciones raciales y
sexuales. Los efectos de la política racial sudafricana sobre la vida privada
de las personas se reflejan en las obras de diversos escritores del siglo XX
internacionalmente conocidos. Figuran entre ellos los novelistas Alan Stewart
Paton y Doris Lessing; la novelista y autora de relatos Nadine Gordimer,
galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1991; y el principal
dramaturgo sudafricano, Athol Fugard. Las obras de Fugard, como El nudo de
sangre (1961), Boesman y Lena (1969) y La lección de áloe
(1980), desafían abiertamente la política gubernamental. Breytenbach, antiguo defensor
del nacionalismo afrikáner, escribió en inglés Las confesiones de un
terrorista albino (1985). Durante su exilio en París renunció a su lengua
materna. La novela ofrece un duro relato de sus siete años en prisiones
sudafricanas acusado de terrorismo.
Primer presidente de Senegal, cargo que desempeñó desde 1960 hasta 1980,
el poeta y político Léopold Sédar Senghor ha sido considerado el más importante
intelectual africano del siglo XX.
La poesía ha sido la forma literaria dominante
entre los escritores africanos en lengua francesa. Léopold Sédar Senghor, el
poeta y presidente de Senegal, encabezó el movimiento de la negritud, que tuvo
una influencia notable en la configuración del pensamiento de los intelectuales
francófonos. Este movimiento, que alcanzó su cima en las décadas de 1930 y
1940, surgió como protesta ante la política de asimilación practicada por los
franceses, como rechazo de la cultura occidental, antinatural y sin alma, y
como reafirmación de los valores positivos de la cultura africana. Los poetas
Briago Diop y David Diop participaron también en el citado movimiento.
Son pocos los novelistas de África occidental que han
escrito en francés. Sin embargo, estos escritores figuran entre los más
brillantes del continente africano. El guineano Camara Laye destaca por la
hondura psicológica de su obra narrativa, por ejemplo la novela autobiográfica El
niño negro (1953). Camerún ha dado al mundo dos novelistas, Mongo Beti y
Ferdinand Oyono, notables por la extraordinaria fuerza de su sátira.
La literatura de África occidental en lengua inglesa no
produjo obras de interés hasta la década de 1940. Desde entonces, no obstante,
la producción ha sido impresionante. Destacan especialmente los autores
nigerianos, los más conocidos de los cuales son quizá Amos Tuotola y Chinua
Achebe. Tutuola se hizo internacionalmente famoso con la publicación de El
bebedor de vino de palma (1952), obra basada en mitos y leyendas. Achebe
analizó la amenaza que la civilización occidental representa para los valores
tradicionales africanos en una de sus primeras novelas, Todo se divide
(1958). Un hombre del pueblo (1966) es una sátira política sobre la
corrupción en un país africano sin determinar. El poeta y dramaturgo nigeriano
Wole Soyinka, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1986, se inspira
en mitos yorubas. Abiertamente crítico con el régimen militar nigeriano,
Soyinka es autor de una importante obra poética, además de piezas teatrales
como La muerte y el caballero del rey (1975) y la novela Los
intérpretes (1965), un análisis satírico de la Nigeria moderna y sus
antiguas tradiciones.
El poeta y dramaturgo nigeriano John Pepper Clark hace un
provocativo uso de los mitos ijaw (nigerianos) y las situaciones sociales. El
poeta nigeriano Gabriel Okara se convirtió con su novela Las voces en
uno de los pocos autores africanos que utiliza en su literatura personajes y
valores exclusivamente autóctonos.
El autor más conocido de Sierra Leona es el
novelista William Conton. Su África (1960), cuyo protagonista es un
joven africano educado en Inglaterra, pone el énfasis en las diferencias
culturales.
El ganés Kofi Awoonor figura entre los poetas más
interesantes de África. Sus obras abordan los conflictos de la vida y la
ominosa presencia de la muerte. El novelista Ayi Kwei Armah relata los últimos
días del régimen del presidente ghanés Kwame Nkrumah en la novela La belleza
no ha nacido todavía (1968).
| LITERATURA CONTEMPORÁNEA |
La literatura contemporánea de África oriental incluye
importantes obras autobiográficas, como las de los escritores kenianos Josiah
Kariuki y R. Mugo Gatheru. James Ngugi, más joven, es autor de varios relatos y
novelas, y una obra de teatro. Ngugi analiza en sus obras el impacto del
cristianismo en la vida africana y destaca por la sencillez y claridad de su
estilo. Jean Joseph Rabéarivelo, nacido en Madagascar, escribía en francés y
figura entre los grandes poetas africanos. Sus primeros poemas revelan la
influencia del simbolismo francés, estilo que abandonó posteriormente para
utilizar con maestría la forma vernácula de la balada. Shaaban Robert, nacido
en Tanganika (actual Tanzania), fue el primer poeta y ensayista de África
oriental en lengua swahili. Su obra más famosa, Kusadikika (1951),
analiza las distintas tendencias políticas de su país. La citada novela es una
alegoría inspirada en Los viajes de Gulliver, del escritor británico del
siglo XVIII Jonathan Swift. Una de las obras más leídas en África oriental
sigue siendo Julio César de Shakespeare, traducida al swahili en 1966
por el entonces presidente de Tanzania Julius Nyerere.
ESCRITORES
AFRICANOS EN LENGUA PORTUGUESA
|
Mención aparte merecen los escritores nacidos en países que,
como Mozambique, la República de Cabo Verde y Angola, fueron colonias de
Portugal.
Mia Couto, seudónimo de Antônio Emilio Leste Couto, nació
en 1955 en Beira, Mozambique. Fue director del periódico Notícias, de la
revista Tempo y de la Agencia de Información de Mozambique. Ha
publicado, entre otras obras, la novela Terra sonâmbula (1982), el libro
de poemas Raízes de orvalho (1983) y el volumen de cuentos Contos do
nascer da terra (1987).
José Craveirinha nació en 1922, en la ciudad de Lourenço
Marques, actual Maputo, y murió en Johannesburgo en 2003. Escritor de crónicas
periodísticas, firmaba sus artículos con el seudónimo Mário Vieira. Estuvo
encarcelado entre 1965 y 1969 por su participación en el Frente de Liberación
de Mozambique (FRELIMO). Publicó, entre otros libros, Chigubo (1964), Cantico
a um Dio de catrame (1966), Karingana ua karingana (1974) y Cela
1 (Celda 1, 1980).
Poeta, periodista, crítico de literatura y de cine, Rui Knpfli
nació en 1932. De origen mozambiqueño, estudió en Sudáfrica. Volvió a Mozambique
y, en 1975, debió abandonar su país por razones políticas. Su obra abarca
principalmente colaboraciones en periódicos y revistas. Leer, en opinión de
Knpfli, es algo más que un acto de voluntad, “es reverenciar las singularidades
personales, las normas e inclinaciones que conforman nuestra cultura” (véase
Lectura).
Orlando Mendes nació en la isla de Mozambique en 1916.
Obtuvo la licenciatura en Biología en la Universidad de Coimbra. Poeta,
novelista y dramaturgo, ha publicado numerosos libros, entre ellos Trajectórias
(1940), Clima (1959), Portanto eu vos escrevo (1964) y País
emerso I (1975). Deben destacarse además sus colaboraciones en revistas y
periódicos mozambiqueños y portugueses.
Germano de Almeida es uno de los escritores más conocidos
de la literatura moderna de la República de Cabo Verde. Nació en la isla de
Boavista en 1945. Estudió Derecho en Lisboa y fijó su residencia en la isla de
São Vicente. Fundó la revista Ponto & Vírgula (1983-1987); el
periódico Aguaviva y la editorial Ilhéu, en 1989. Su obra se propone, a
través del humor, desenmascarar la hipocresía común a todas las sociedades. Un
buen ejemplo de su estilo es O testamento do Sr. Napumoceno da Silva Araujo
(1991), libro en el que narra la historia de un hombre que se enriqueció vendiendo
diez mil paraguas a los habitantes de una región dominada por la sequía. Esta
novela fue adaptada al cine por el cineasta portugués Francisco Manso y ganó,
en agosto de 1997, el premio a la mejor película en el Festival de cine de
Gramado (Rio Grande do Sul, Brasil). O meu poeta, obra publicada en
1992, es considerada la primera novela nacional de la nueva República de Cabo
Verde. Ha publicado, además, A ilha fantástica (1994), Os dois
irmãos, estórias de dentro de casa (1996) y A família Trago (1998).
Sin pretender agotar la riqueza y variedad de la
literatura africana en lengua portuguesa, cabe mencionar a Agostinho Neto,
poeta angoleño, y a Sebastião Alba, quien, nacido en Braga (Portugal), se
trasladó a Mozambique siendo muy joven. En este país publicó, entre otras
obras, A noite dividida e Ritmo do presságio, ambas de 1981.
FUENTE:
Microsoft ® Encarta ® 2009. ©
1993--2008 M
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