de África y su historia.“Saartjie” la “Venus Hotentote"
sELECCIÓN. Isabel Cristina Batista
fragmentos
Así, hasta épocas recientes, África negra fue considerada como el coto exclusivo de la etnografía primero y de la antropología después. Y no faltan quienes perseveran en esa caracterización. Por ejemplo, el antropólogo norteamericano Erik Wolf, quien titula uno de sus libros “Europa y la gente sin historia” (Wolf, 1987), rótulo bajo el cual caracteriza a muchas culturas con una mayor tradición histórica que aquella a la que el propio autor pertenece.
Pero vayamos al grano. Esta consideración de las culturas del África negra no es fruto solamente de la ignorancia. Todo etnocentrismo tiene una racionalidad económica que, en última instancia, lo justifica y sostiene.
Así, los negros no fueron considerados humanos en la época en que eran objeto de la trata esclavista. El asimilarlos al ganado era condición básica para negociarlos y utilizarlos como tal. Superado el inmenso y bárbaro genocidio de la trata, los negros fueron considerados seres
pueriles, necesitados de la tutoría de la colonización europea.
Superada la colonización, nuevas consideraciones xenófobas y racistas toman el relevo, para legitimar la explotación de la mano de obra inmigrante y el saqueo descarado de las riquezas africanas. Es en este sentido que la lucha de los pueblos africanos por su historia, iniciada por Cheikh Anta Diop hace ya más de cincuenta años, es también la lucha por su libertad.
Los agrónomos latinos asimilaban al esclavo con el ganado y los aperos. El esclavo era el instrumentum vocale, el ganado el instrumentum semivocale y las herramientas el instrumentum mutuum. Lo único que diferenciaba a unos de otros en la consideración técnica de la administración rural era su distinta capacidad para el lenguaje. (Dockés, 1984) Ladeshumanización era la condición básica de la esclavización, esto se reeditó en los campos de concentración nazis.
Pero, si no eran humanos, o si se trataba de subhumanos,¿cuál sería su origen? Se buscaron otras alternativas a la cruza de especies: negros y blancos no podían tener ancestros comunes.
OTRA ESPECIE HUMANA, LA POLIGÉNESIS
Desde antiguo había habido quienes manifestaran que los negros pertenecían a una especie distinta a la del blanco. El propio John Atkins, antes citado, confesaba que:
Aunque es un poco heterodoxo, estoy convencido de que las razas negra y blanca han “ab origine”, nacidode ancestros diferentes. (Atkins, 1737)
Este convencimiento bastante generalizado se expresó en el nombre dado al fruto de la relación entre negro y blanco. El término “mulato” se deriva de “mula”, que como sabemosdesigna al híbrido de dos especies. Edward Long expresaba un convencimiento popular cuando en su colección de barbaridades afirmaba que la cruza de dos mulatos no producía descendencia.Claro, para él monos y negros tenían más afinidad que negros y blancos.
Pero es notable cómo la Ilustración reelaboró estas creencias en el marco de su enfrentamiento con la Iglesia. En efecto, considerar la existencia de dos especies humanas era una manera de refutar el dogma monogenético de la creación. Así, los ilustrados fueron poligenetistas, afirmando el origen independiente de las distintas razas, a las que se da la entidad de especies. El gran Voltaire opinaba que:
Representa un gran problema respecto de ellos [los africanos] saber si descienden del mono o si el mono desciende de ellos. Nuestros sabios han dicho que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios: ¡heaquí una cómica imagen del Ser eterno, con una nariz aplastada y con poca o ninguna inteligencia! (Ki‐Zerbo, 1980)
Voltaire se opuso a la esclavitud en muchos de sus textos, pero también, como buen burgués que era, invertía sus ahorros en empresas ligadas a la trata. De hecho, un armador esclavista de Nantes, puerto por ese entonces dedicado casi totalmente a la trata, le rindió homenaje bautizando Le Voltaire a uno de los barcos de su propiedad. Al menos el gran filósofo creía en el mejoramiento de los negros:Llegará un tiempo, sin duda, en que tales animales sabrán cultivar la tierra, embellecerla con casas y jardines, y conocer la ruta de los astros: hace falta su tiempo para todo. (Ki‐Zerbo, 1980)
No todos eran tan optimistas, por ejemplo David Hume enuna nota al pie del capítulo de sus Ensayos dedicado a los caracteres nacionales, se ocupa de las naciones negras:
Estoy en condiciones de sospechar a los negros naturalmente inferiores a los blancos. Escasamente hubo nunca una nación civilizada de tal complexión, ni siquiera algún individuo eminente en la acción o en la especulación. No hay manufacturas ingeniosas entre ellos, ni artes, ni ciencias. Por otra parte, los más rudos y bárbaros de los blancos, tales como los antiguos germanos, o los tártaros del presente, tienen todavíaalgo eminente acerca de ellos, en su valor, forma de gobierno, o algún otro particular. Tal diferencia constante y uniforme no podría ocurrir, en tantos países y épocas, si la naturaleza no hubiera hecho una distinción original entre estas variedades de hombres.(Hume, 2006)
La diferencia entre Voltaire y Hume radica en que, para el último, no hay muchas esperanzas para el futuro desarrollo de los negros. Hay algo intrínseco en ellos que los devalúa en relación a los blancos. Ni siquiera pueden sobresalir individualmente:
Marcello Malpighi, quien realizó el primer estudio microscópico de la piel humana. Malpighi fue un pionero en la utilización del microscopio y al viviseccionar el cadáver de un negro pudo realizar el primer estudio comparativo de la estructura de la piel. Así, localizó el color particular del negro en una capa de mucosa, ubicada entre la epidermis y la verdadera piel. Por la misma época, Anton van Leeuwenhoek, descubridor de la vida microscópica, afirmaba que la sangre de los negros tenía una estructura distinta a la de los blancos.
Estos avances en el conocimiento dieron mayor sustento a la idea de que el negro pertenecía a una especie distinta, y por supuesto inferior, de hombres. Elemento este muy apropiado para la lucha de los ilustrados contra la religión y la Iglesia. Incluso el gran Linneo, muy reacio como era a establecer distinciones entre los seres humanos:
...describía a los africanos como “flemáticos, indolentesy negligentes... y gobernados por el capricho.”(Davis, 1968)
También Georges Cuvier fue de la misma opinión, y se esmeró en encontrar el parentesco entre el negro y el mono. Para Cuvier:
La raza negra... se caracteriza por su complexión oscura, su cabello crespo o lanoso, el cráneo comprimido y la nariz aplastada. La prominencia de la parte inferior del rostro y el grosor de los labios la
aproximan a todas luces a la familia de los simios; y las hordas que la componen han permanecido siempre en el estado de la más absoluta barbarie. (Davis, 1968)
He aquí una caracterización lapidaria, por parte del naturalista más famoso de su época. Ahora bien, si el negro era un sub‐hombre próximo a los simios y sin parentesco con los hombres verdaderos (blancos), no sólo no podía tener una historia, sino que era, él mismo, parte de la historia natural. Ese era el único sitio en el que podía tener cabida: como un fragmento de la inmensa obra de la naturaleza. En este sentido, y en tanto que objeto de estudio (a más no podía aspirar), su lugar estaba en los museos de historia natural y en los zoológicos. Allí se lo llevó sin ningún escrúpulo, pero no olvidemos que museos y
zoológicos también sirven a la diversión y al espectáculo.
EN MUSEOS Y ZOOLÓGICOS: “Venus Hotentote”
El propio Cuvier tuvo oportunidad de conocer a una mujer africana, trasladada a París como curiosidad y objeto de estudio. Se trató de la famosa “Venus Hotentote”. “Hotentotes” es el nombre que los colonizadores holandeses de África del sur dieron al los indígenas del grupo joi‐joi.
El carácter dulce y pacífico de los joi‐joi los llevó a recibir amigablemente a los boers (campesinos) instalados, en el siglo XVII, en la Colonia del Cabo, por la Compañía de Indias Orientales holandesa. Rápidamente, las tierras fueron apropiadas por los blancos, y los joi‐joi sometidos aesclavitud y servidumbre, cuando no lisa y llanamente exterminados.
La “Venus Hotentote” era una infeliz mujer joi‐joi llevada por uno de sus amos desde la entonces Colonia del Cabo a Europa, para ser exhibida como curiosidad. A Londres llegó en 1810, y recorrió Inglaterra como objeto de un espectáculo que terminó en el escándalo: se la mostraba semidesnuda y, por un pago extra, se permitía que los espectadores tocaran sus nalgas prominentes, producto de la esteatopigia, como si esta característica de las mujeres joi‐joi no existiera en muchas mujeres europeas.
Finalmente, una sociedad benéfica solicitó la prohibición del espectáculo y la pobre africana fue llevada ante los tribunales. Luego de que este inconveniente provocara el fin del negocio en Inglaterra, fue trasladada a París, donde un domador de fieras la exhibió durante quince meses.
En ese tiempo, además de satisfacer la curiosidad pública, fue objeto de
estudio por parte de varios científicos franceses, entre ellos Cuvier, quien la describió como una mujer inteligente, de excelente memoria y que hablaba fluidamente el holandés.
Pero quizá lo más significativo se produjo después de la muerte de la “Venus Hotentote”. Falleció en 1815, de algo que se describió como una “enfermedad inflamatoria”.
La comunidad científica parisina se reunió para realizar su autopsia, luego de que Cuvier realizara un vaciado en yeso de su cuerpo. Los resultados de la autopsia fueron publicados también por Cuvier.
Y desde entonces hasta 1974, su esqueleto, su cerebro y sus genitales estuvieron en exposición en el Museo del Hombre de París. Sus genitales, sobre todo, fueron durante ese tiempo objeto de gran curiosidad, por poseer lo que se denominaba sinus pudoris o también “cortina de vergüenza”, en realidad una elongación de los labios menores de la vagina, propia según algunos de las mujeres joi‐joi. (Gould, 1985)
Sobre la base de estos estudios “científicos” de la Venus Hotentote, un etnólogo norteamericano, Josiah Clark Nott, llegó a la conclusión de que los hotentotes, junto con los bosquimanos, eran:
...los especimenes más bajos y más bestiales de lahumanidad. (Nott, 1855)
¿Habrán cometido los hotentotes alguna vez la bestialidad y la bajeza de convertir a un ser humano en objeto de exhibición?
Lo dudo, pero Nott, primer traductor de la obra de Gobineau al inglés, no podía calificarlos de otra manera.
Los restos de la “Venus Hotentote” retornaron a Sudáfrica en el año 2002, luego de insistentes reclamos iniciados por el gobierno de Mandela y un largo debate, que llegó a la Asamblea Nacional de Francia.
Diana Ferrus, una poetisa sudafricana de ascendencia joi‐joi, le dedicó un poema que, entre otras cosas, dice:
He venido a sacarte de esta miseria
a llevarte lejos de los ojos curiosos
del monstruo fabricado por el hombre
que vive en las tinieblas
con sus garras de imperialismo
que diseccionó tu cuerpo parte por parte
que asoció tu alma a la de Satán
y se declaró él mismo el dios absoluto.
(Ferrus, 2000)
Por cierto que, con ser significativo, el caso de la “Venus Hotentote” no fue el único. Al menos sus restos fueron a parar a un museo antropológico.
La mayoría de los otros “ejemplares”conocidos debieron convivir con piezas de fauna y flora silvestre. A lo largo del siglo XIX, muchos museos de historia natural,europeos y americanos, incorporaron a sus colecciones ejemplares de distintos tipos raciales, excepto blancos por
supuesto. El último caso en dar cierta polémica fue el “Negro de Banyolés”, en España. Podemos detenernos en este caso paradigmático.
En torno a 1825, dos hermanos franceses, Edouard y Jules Verreaux, realizaron varios viajes al África del Sur con el fin de reunir una colección de animales africanos.
Los Verreaux eran una mezcla de naturalistas, aventureros y comerciantes, pero su profesión principal era la taxidermia.
En esa época, antes del desarrollo de la fotografía, la única forma de acercar la fauna salvaje a ojos europeos era mediante los zoológicos, que requerían un costo de mantenimiento importantísimo, o mediante los “museos naturales”, mucho más económicos, donde se exhibían
los animales embalsamados.
Los Verreaux tenían su propio museo, la “Maison Verreaux”, en el cual llegaron a reunir una colección muy importante. Allí tenían jirafas, rinocerontes, monos ¿cómo iba a faltar un negro? No se sabe bien cómo, en uno de sus últimos viajes, los Verreaux obtuvieron el cadáver de un africano, al que sometieron al procedimiento de taxidermia habitual.
Trasladado a París, el nuevo ejemplar quedó expuesto en una vitrina, con una lanza en una mano y con el característico escudo en forma de mariposa en la otra.
El tiempo pasó y, luego de la muerte de sus fundadores, la “Maison Verreaux” conoció la decadencia. Tan es así que la viuda de Edouard vendió buena parte de la colección.
Uno de los compradores fue un veterinario catalán, antiguo director del zoológico de Barcelona, de apellido Darder. Varios años más tarde, en 1916, Darder fundó su propio museo en Banyoles (Girona). En ese sitio instaló la colección que fue reuniendo a lo largo de su vida, incluyendo los ejemplares que comprara la viuda de Verreaux. Allí fue a parar el africano sustraído por los hermanos naturalistas‐taxidermistas. Y allí quedó expuesto en su vitrina hasta que, en 1991, alguien descubrió que se trataba de un ser humano. El que lo hizo fue un negro, el médico haitiano Alphonse Arcelin, que visitó casualmente el museo Darder. Según un periodista que relató la historia:
Entonces llegó Alphonse Arcelin y lo miró por primera
vez como ninguna otra persona lo había visto: con
piedad y con el profundo horror que deriva del
reconocimiento. (Antón, 2000)
LA OLIMPIADA DE BARCELONA Y EL ESCÁNDALO DE EL NEGRO DE BANYOLES
Es notable como, aún hoy, el periodista parte del supuesto de que sólo un negro podía reconocer a un negro embalsamado como ser humano. Lo cierto es que Arcelin armó un escándalo, y lo hizo en el momento más indicado: las vísperas de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Convocó a que los países africanos no enviaran delegaciones si el “Bechuana” (como se lo conocía en Banyoles) seguía estando en exposición. Banyoles era subsede olímpica, y el propio Comité Olímpico solicitó al Ayuntamiento que el negro fuera retirado de la exposición. El Ayuntamiento resistió el pedido, pero los Juegos Olímpicos eran un gran negocio y no era cuestión de arruinarlo con un escándalo. Finalmente, se retiró al negro con vitrina y todo.
Pasadas las Olimpíadas la discusión continuó: el Ayuntamiento y muchos ciudadanos de Banyoles se negaban a desprenderse de una “pieza” que consideraban parte de su patrimonio cultural. Pero Arcelin era terco y consiguió el apoyo diplomático de varios países africanos
y de la propia Organización para la Unidad Africana, y también del Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annam.
Como la cuestión estaba derivando en un escándalo que podía desprestigiar a la diplomacia española, el gobierno de Aznar decidió dar una salida expeditiva al problema: devolver el negro al África. Para ello hubo que realizar algunos trámites burocráticos muy peculiares, tales como el de descatalogar al negro como pieza de museo y reclasificarlo como “resto humano”,etc. Finalmente, trasladarlo desde Banyoles en plena noche (para evitar cualquier escándalo), y embarcarlo en Madrid hacia Botswana, el país que aceptó reclamarlo como propio.
Quizá el “Negro de Banyoles” haya tenido la particularidad de ser el último de estos casos de exhibición de un negro en un museo de historia natural. Seguramente no fue el único, sólo que en los otros casos (como en el Museo del Hombre de París) se adelantó algún tipo de pudor poscolonial.
El fin del colonialismo, y la presencia de un número importante de africanos en las antiguas metrópolis, en calidad de estudiantes, inmigrantes, funcionarios de los nuevos países independientes de África, etc.,inhibió la presencia de estas “piezas” en las colecciones. También
inhibió otros espectáculos, corrientes en el período colonial y precolonial:
Los “zoos humanos”. Así se denomina hoy a las frecuentes exposiciones públicas de los indígenas en las metrópolis europeas. (Bancel,2000) Claro, en aquellas épocas tenían otros nombres:
“exposiciones etnográficas”, “aldeas negras”, etc. Allí se exponía a los súbditos coloniales en su estado “natural”, a veces como parte de una serie que comenzaba con distintas especies de monos. Frecuentemente debían exhibirse desnudos o semidesnudos en un clima que no les era propio.
La exhibición de poblaciones exóticas se convirtió en algo muy popular en Europa y EE.UU. a partir de la década de 1870, justamente el momento del paroxismo imperialista. Existieron exposiciones en Hamburgo, Londres, Barcelona, Nueva York, Ginebra, etc. Cada una de ellas con una concurrencia de entre 200.000 y 300.000 espectadores. Uno de los pioneros en esta actividad fue un alemán llamado Karl Hagenbeck, que comenzó como comerciante de animales y terminó como gran empresario, de muchos zoológicos europeos. En 1876 envió un comisionista a Sudán para trasladar a Europa algunas fieras salvajes y también algunos nubios. Con éstos organizó una muy exitosa exhibición que se presentó en Berlín, París y Londres.
Advirtiendo el éxito de esta iniciativa, el director del Jardin Zoologique Dʹacclimatation parisino, Geoffroy de Saint Hilaire,organizó dos “espectáculos etnológicos” centrados en la exposición de indígenas africanos.
La concurrencia llegó ese año (1877) al millón de personas y desde entonces hasta 1912 el Jardin organizó unas treinta “exhibiciones etnológicas”.
Pero la mejor oportunidad de exhibir a los indígenas fueron las grandes exposiciones internacionales. Las exposiciones de París de 1878 y 1889 presentaron reconstrucciones de “aldeas negras”, en el último de los casos poblada con 400 africanos trasladados para ese fin. También las Exposiciones Coloniales de Marsella (1906 y 1922) y París (1907 y 1931) exhibieron indígenas frecuentemente desnudos o semidesnudos.
Estas exposiciones tuvieron una concurrencia masiva: 28 millones en 1889, 34 millones en 1931. El salvajismo de los espectadores era notorio:
“La actitud del público era uno de los temas más
sorprendentes: muchos visitantes arrojaban alimentos
o chucherías a los grupos que se exhibían, comentaban
las fisonomías comparándolas con los primates
(retomando con ello uno de los tópicos de la
antropología física, ávida de sacar a la luz los
“caracteres simiescos” de los indígenas) o riéndose
abiertamente viendo a una africana enferma
temblequeando en su choza”. (Bancel, 2000)
Ciertamente, muchos no soportaban el cambio de clima y
enfermaban, ¿o enfermarían de la humillación? La mortalidad era
alta, también entre algunos de nuestros indios fueguinos, que
pasaron por las exposiciones de París. Esto se podía hacer sin
ningún remordimiento, ya que la propia humanidad de estos
seres era discutible.
Si bien en estas exposiciones se mostraban todos los pueblos colonizados, el énfasis estaba en el África, esa era la mayor atracción.
Hay quien señala que de por medio también estaba el voyeurismo: en esa época no había muchas otras oportunidades de ver a un ser humano desnudo. (Pieterse,1992)
Los empresarios a cargo de muchas de estas exhibiciones provenían del ámbito circense. No solían ser demasiado formales ni respetuosos de los acuerdos establecidos. A veces desaparecían cuando veían decaer el negocio, dejando librados a su suerte a los creadores del espectáculo.
Hay al menos un caso en el que un grupo de africanos se rebeló contra los incumplimientos de su empresario, generando una gran alarma en la población de la ciudad suiza donde habían recalado. ¡No fuera a ser que los salvajes escaparan! Pero fue un caso aislado, en general, los
pobres infelices aislados de su medio social aceptaban resignadamente la humillación y el manoseo. (Minder, (2003)
América no sólo no se quedó atrás, sino que produjo uno de los casos más vergonzosos: por iniciativa de Madison Grant, notorio racista y antropólogo aficionado, en 1906 el Zoológico del Bronx, de Nueva York, colocó a un pigmeo congoleño llamado Ota Benga en la misma jaula que un orangután.
Allí se puso un cartel: “El eslabón perdido”, con lo que se situaba a Ota Benga en un lugar intermedio entre el hombre y el mono. ¿En qué lugar habría que colocar a Madison Grant? Este personaje fue un gran difusor de las teorías de Gobineau, el tema es que en aquel entonces “eso” era considerado ciencia.
LA CIENCIA GAYA
Quizá la mejor demostración de las limitaciones de eso que llaman “ciencia” pueda encontrarse en el tratamiento que determinados “científicos” dieron a la cuestión racial. Quizá aquellos que pretenden un estatus científico para las disciplinas que profesan dejarían de pretenderlo si supieran hasta qué punto la antropometría, la frenología, la eugenesia, fueron consideradas en su momento “científicas”. Pero, más allá de la presencia de estas pseudociencias (¿cuántas de las ciencias de hoy serán pseudociencias en el mañana?), lo cierto es que existen determinados lugares comunes en el pensamiento académico de
los siglos XIX y XX. Con relación al África subsahariana, como con relación a oriente, esos lugares comunes definen a un “Otro”,en gran medida antitético al ser europeo (Said, 1990). Exploremos esos lugares comunes.
El principal, por cierto no superado, es el del evolucionismo.La idea decimonónica, también compartida por el marxismo, de que todas las sociedades pasan por determinadas etapas de evolución. La antropología fue, en sus inicios, una gran difusora de esta idea, no sólo en cuanto a lo social y cultural, sino también en lo que hace a las características físicas de los individuos. En los términos racistas de Madison Grant, la idea es que:
...estos grupos de la humanidad que en un períodotemprano encontraron refugio en las Américas, en Australia, en Etiopía, o en las islas del mar,representan en gran medida etapas en el desarrollo físico y cultural del hombre, las que los habitantes de Eurasia, más enérgicos, han atravesado hace mucho.
(Grant, 1916)
Por supuesto que los africanos están en la primera de las etapas, de allí su caracterización como “primitivos”. También la atribución al negro de una mentalidad “prelógica”. Levy Bruhl fue quien acuñó esta idea, si bien luego tuvo la honestidad intelectual de retractarse, la idea quedó y pervivió en tanto funcional a los intereses colonialistas europeos.
Después de todo ¿es muy grande la distancia entre esa “prelógica” y la caracterización que hace Gobineau?
La variedad negra es la más baja y ocupa los peldaños inferiores. El carácter animal dado a su forma básica leimpone su destino desde el instante mismo de la concepción. Nunca pasa de las zonas más restringidas del intelecto... Si sus facultades reflexivas son mediocres o incluso inexistentes, sus deseos y, por consiguiente, su voluntad poseen tal intensidad, que a menudo resultan terribles. Muchos sentidos se hallan desarrollados en ella con un vigor desconocido en las otras dos razas; sobre todo el del gusto y el del olfato.Precisamente ese afán de sensaciones es el que nos demuestra de manera más primaria su inferioridad.
(Gobineau, 1884)
Pero la afición de Gobineau era la sociología, de manera quearremete con su “análisis” de las sociedades negras:
Las costumbres de esas poblaciones parecen ser las másbrutalmente crueles. La guerra de exterminio, esa es su política; la antropofagia, esa es su moral y su culto. En ninguna parte, puede uno ver ni villas, ni templos, ni nada que indique sentimiento alguno de sociabilidad.Es la barbarie en toda su fealdad, y el egoísmo de la debilidad en toda su ferocidad. (Gobineau, 1884)
Después veremos más sobre la presunta antropofagia de los negros, sigamos un poco más con Gobineau y nuevamente encontraremos los mismos tópicos de Edward Long:
Las bestias feroces parecen de una esencia demasiado noble para servir de punto de comparación a estas tribus horribles. Los monos bastarán para representarla idea de la psiquis, y en cuanto a la moral, uno se considera obligado a evocar el parecido con los espíritus de las tinieblas. (Gobineau, 1884)
¿Qué tal? Los “espíritus de las tinieblas.” ¿Qué puede ser eso? Por esa época, y aún hoy, se habla del “África Negra.” El aventurero‐explorador Henry Morton Stanley publicaba el relato de sus aventuras con el título “A Través del Continente Oscuro” (Stanley, 1998) y el gran novelista Joseph Conrad su muy significativa obra “El Corazón de las Tinieblas.” (Conrad, 1973) ¿Qué era lo tenebroso y oscuro del África? ¿La piel de sus habitantes? Seguramente que no, o al menos no sólo eso.
África era vista como la encarnación del salvajismo, y éste último era la antítesis de los más preciados valores decimonónicos, pudor y castidad incluidos. En esta cuestión hay mucho de miedo al reconocimiento de la propia humanidad en la humanidad del otro. La novela de Conrad, erróneamente considerada anticolonialista, es la mejor expresión de esta cuestión: el blanco que cae en el salvajismo, no puede retornar de él, queda sumido en el horror, el horror.
Sigamos adelante, si bien el Conde de Gobineau hoy sería considerado un diletante, en su época era estimado como uno de los pensadores más lúcidos de su época. Es que sus ideas partían de lugares comunes académicos, en los que el racismo ocupaba un lugar destacado. En la Europa del siglo XIX y buena parte del XX era científico ser racista, y la barrera racial era considerada insoslayable.
La obra de Gobineau sobre la desigualdad de las razas tuvo una difusión amplísima. En los Estados Unidos fue traducida por el precursor americano de la etnología, Josiah Nott, a quien citamos anteriormente. La obra de Nott destila un piadoso odio racial. Describiendo la población del África occidental dice:
Estas son todas tribus salvajes, poco distintas, en naturaleza física y propensiones morales, a los hotentotes. Cualquier cosa similar a un análisis detallado de ellos no sería más que una inútil repeticiónde descripciones, que se encuentran en todos los relatos de viajeros, exhibiendo imágenes de las razas más degradadas de la humanidad. En una palabra, el África toda, al sur de los 10° de latitud norte, muestra una sucesión de seres humanos con su intelecto tan negrocomo su piel, y con una conformación cefálica que convierte a cualquier esperanza en su mejoramiento enun sueño utópico, filantrópico, pero de alguna manera senil. (Nott, 1855)
Desde ya que la educación no puede cambiar nada si, como pensaban estos “cientistas”, el carácter moral depende del carácter físico. Así, para Nott:
...la historia no muestra evidencia de que la educación, o cualquier influencia de civilización que pueda llevarse hacia razas de organización inferior, puedan cambiar radicalmente su carácter físico, ni, en consecuencia, moral. (Nott, 1855)
Nott no estaba solo en este tipo de consideraciones, eran los lugares comunes científicos de su época, para afirmarlos trae en su ayuda la autoridad del etnólogo inglés James Cowles Prichard, quien dice:
Revisando las descripciones de todas las razas enumeradas, debemos observar una relación entre su carácter físico y su condición moral. Las tribus que tienen lo que se denomina el carácter negro en un grado más profundo son las menos civilizadas. Los papels, bisagos, ibos, quienes en el mayor grado se distinguen por caras deformes, mandíbulas salientes, frente rellena, y por otras peculiaridades negras, son las más salvajes y moralmente degradadas de las naciones descritas hasta aquí. Lo inverso de esto es aplicable a todas las razas más civilizadas.(Prichard, 1826)
A la hora de explicar la causa de estas diferencias entre los hombres, el piadoso Nott recurre a la mano del Creador, cuya intervención sería la única capaz de revertir lo establecido:
¿No contemplamos, en todos los aspectos, características humanas tan completamente segregadas de las nuestras, que no pueden ser explicadas de otra manera que suponiéndolas un acto directo de creación? Sobre los rasgos morales e intelectuales de tales ejemplares abyectos no se ha realizado ninguna impresión en cinco mil años: ninguna puede hacerse,(hasta donde la ciencia conoce) hasta que su organización sea modificada por un milagro –la más absurda de las suposiciones desesperadas. (Nott, 1855)
Piadosos o no, los cientistas del siglo XIX consideraban que la barrera racial era infranqueable. Tal el caso de Gustave Le Bon,que llega a equiparar las razas a algo parecido a las especies:
Las aglomeraciones humanas diseminadas en diversos puntos del globo se clasifican en cierto número de grupos que lleva el nombre de razas. Antes, esta palabra significaba que existían entre los grupos humanos, designados de este modo, diferencias menos grandes que las observadas en los grupos de animales que se designan con el nombre de especies. Pero habiendo probado los progresos de la ciencia moderna que las diversas razas del hombre están separadas por caracteres tan profundos como los que distinguen a las especies de animales afines, hay que tomar ahora el vocablo raza como sinónimo de especie, cuando se aplica al hombre. (Le Bon, 1974)
El pensamiento etnográfico está marcado por la impronta de este racismo y evolucionismo. Uno de los mejores ejemplos es el tratamiento que dio, desde un principio a los fenómenos religiosos africanos. Así, Sir James Frazer hablaba de una secuencia de desarrollo que comenzaba en la magia, seguía en la religión y terminaba en la ciencia. (Frazer, l985) Como si en algún lugar del mundo pudiéramos, aún hoy, encontrar estos tres elementos separados entre sí.
Otro etnólogo evolucionista, Edward Tylor, elucubró una secuencia en el desarrollo del pensamiento religioso que partía del animismo o fetichismo, seguía con el politeísmo y terminaba en las religiones monoteístas. Por supuesto que el ámbito que corresponde a los africanos es el de la magia, en el primero de los casos, y el del animismo o fetichismo, en el segundo.Aún hoy se caracteriza como “fetichistas” a muchas creencias religiosas africanas. El fetichismo deriva su nombre del portugués feicho, cosa hecha o elaborada por el hombre. Se veía primitivismo en adorar ídolos fabricados por los fieles, como si muchas religiones, presuntamente monoteístas, no utilizaran también objetos de culto o fetiches de distinta índole (imágenes, crucifijos,textos, etc.) (Brelich, l979). Se decía que los africanos “creaban sus dioses”, como si el culto católico no estuviera lleno de ejemplos similares.
Otros lugares comunes muy difundidos es el de la antropofagia africana. Por supuesto que este tema era funcional también a los intereses colonialistas europeos. Un discípulo de Madison Grant, Lothrop Stoddart, caracterizaba a los africanos como sigue:
La ineptitud política del negro, que nunca va más allá del concepto tribal. Mantiene al África negra como un mosaico de pueblos, Guerreando salvajemente entre sí y ampliamente adictos al canibalismo. Entonces, también las religiones nativas son usualmente sanguinarias, mandando una prodigalidad de sacrificios humanos. Las matanzas ordenadas por magos y médicos‐brujos negros alcanzan a veces proporciones ncreíbles.
(Stoddart, 1922)
La creencia en el canibalismo de los negros llegó a tal punto que, el más reputado compendio del conocimiento científico de los inicios del siglo XX, la Enciclopedia Británica, sostenía:
El canibalismo se encuentra en su forma más simple en África. En ese continente la mayoría de las tribus caníbales comen carne humana porque les gusta, y nopor cualquier motivo mágico o por carencia de otra carne animal. (Encyclopedia Britannica, 1911)
También los africanos creyeron en la antropofagia de los blancos, sólo que en ese caso existía un argumento concreto: ¿Para qué podían llevarse a tanta gente en los barcos negreros si no era para comerla? Las fantasías en torno a lo que los antropólogos norteamericanos llaman la “antropofagia gastronómica”, o sea consumir a un prójimo como alimento, son un elemento extendidísimo, que tiene siempre como protagonistas a los africanos y como víctima al explorador europeo hervido en una olla gigantesca.
Evidentemente, en África existió una antropofagia ritual, como también en América, por ejemplo en el caso de los guaraníes. Pero: ¿Acaso no hay también canibalismo ritual en la misa católica? ¿No se consume allí la carne y sangre simbólica de alguien cuyas virtudes se admiran?
También durante la época colonial los africanos creyeron en la antropofagia de los blancos, en ese caso el argumento concreto era: ¿Por qué nunca retornan muchos de los que van a trabajar a las minas y plantaciones de los blancos? Argumento válido por cierto: la riqueza de los europeos fue construida con la vida de muchos africanos. Otra fantasía africana de esta época fue la del vampirismo de los blancos.
Aquí el argumento concreto era el estado lastimoso en que regresaban (los que regresaban) de las minas y plantaciones. ¿Cómo podían haber decaído tanto física y psíquicamente? Evidentemente, los blancos se habían alimentado con su sangre. (White, 2000) Argumento racional, sin duda, por algo seguimos llamando “chupasangre” al explotador. Pero
conviene recordar que no hace mucho, a inicios de la década de
1980, antes de la difusión del HIV, el principal rubro de exportación de Haití, esa África americana, era la sangre humana, y el principal comprador las empresas médicas norteamericanas.
Volvamos a los científicos, quizá muchas apreciaciones puedan atribuirse a la lejanía del objeto de estudio, a la falta de rigurosidad de este último. No fue el caso de la lingüística. Los lingüistas europeos del siglo XIX encontraron que en gran parte de África subsahariana se utilizaba un grupo de lenguas notoriamente emparentadas entre sí. Un lingüista alemán que residió muchos años en África del Sur, W. H. I. Bleek, bautizó a esas lenguas como pertenecientes a la familia bantú, término que elaboró uniendo el prefijo plural ba con el término ntú que en esas
lenguas significa persona.
A partir de allí y hasta el día de hoy se ha usado y abusado del término, y así es como encontramos quienes hablan de “pueblos bantúes”, “cultura bantú” y hasta “raza bantú”. Tan afortunado fue este término, de creación europea, que terminaron utilizándolo los propios africanos, aún los nacionalistas. Pero volvamos a los lingüistas, ellos encontraron
que estas lenguas tenían un desarrollo comparable al de las europeas: podían expresar perfectamente conceptos, categorías de análisis y se adaptaban perfectamente para la expresión de las especulaciones filosóficas más sutiles.
La conclusión lógica fue que esas lenguas no podían haber sido creadas por los negros, su origen había que buscarlo en otra parte. ¿Dónde? En alguna cultura más o menos blanca (o, mejor diríamos, considerada blanca en ese entonces) como Egipto, aunque para eso hiciera falta crear parentescos donde no los había y diseñar itinerarios lingüísticos traídos de los pelos. Lo que nunca se preocuparon por explicar estos lingüistas es para qué adoptaron los negros términos que, según ellos, no eran capaces de utilizar. (Carme Junyent, l998)
Hoy día se sabe que las lenguas bantúes son genuinamente africanas y genuinamente negras, su región de origen estaría próxima al Camerún. La relación cierta entre las lenguas negras y la egipcia era exactamente inversa.
El evolucionismo positivista fue la teoría que acompañó al dominio blanco. El negro dejó de ser el animal para convertirse en el primitivo, el salvaje o, en el mejor de los casos, el niño necesitado de tutelaje...
NOTAS:
RECIENTEMENTE SE REALIZÓ UNA PELÍCULA FRANCESA SOBRE LA VIDA DE VENUS HOTENTOTE, QUE LA REPRESENTA UNA CUBANA
Evidentemente la emigración hacia lugares fríos o el enfriamiento de lugares a los que había emigrado el hombre primitivo y por tanto el cubrimiento de sus desnudeces influyó, desde el punto de vista evolutivo en la anatomía humana, la cual fue recortando por aquí y por allá, aquello que ya no era necesario para llamar la atención del sexo opuesto. Por eso el asombro de los exploradores y conquistadores blancos cuando se encontraron con sus raíces y descubrieron en lo que hoy es Sudáfrica personajes como “Saartjie” (1789 – 1815) a aquella Khoikhoi a la que bautizaron como Sarah Baartman, una mujer cuyo enorme trasero entre otros atributos la convirtió en atracción de feria; bajo el título de la de Venus hotentote ” (hotentote se denominaban, un tanto despectivamente, por entonces a al pueblo Khoi).//cubanuestra1.wordpress.com/2010/09/09/actriz-cubana-interpreta-a-saartjie-la-venus-hotentote/
AUTOR : LUIS CÉSAR BOU ARTÍCULO AFRICA YSU HISTORIA
COLECTIVO EDITOR ÚLTIMO RECURSO (CEUR)www.rebelion.org/noticia.php?id=93954
Octubre/2007
Impreso en Rosario, Argentina
CONTACTAR AUTOR: : obserflictos@yahoo.com.ar
ARTÍCULO COMPLETO: EN FICHERO ADJUNTO

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